12/20/17

Cuatro Lunas: el mismo cielo sobre todos.

Cuando me ofrecieron Cuatro Lunas, filme mexicano de 2014 con guión y dirección de Sergio Tovar Velarde, me contaron que en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, donde fue parte de la muestra concursante, solo se vio una noche, en un solo cine, en una sola ocasión. Es un filme de maricones y a pesar que nuestra sociedad ha avanzado en la visibilidad y discusión del tema sigue siendo esencialmente machista y patriarcal. Es otra película de historias, cuatro en este caso, que no se relacionan entre sí, y que van vinculadas a las fases lunares únicamente como expresión de nacimiento, crecimiento, desarrollo y decadencia de un proceso.

La luna nueva cuenta la historia de un preadolescente que atraído por su primo y en plena experimentación y descubrimiento de la sexualidad le propone mostrarse mutuamente el pene cuando juegan en su cuarto con la justificación de ver la hecha y no hecha circuncisión. Lo que le espera después es el acoso escolar que termina en una golpiza de tres contra él en un baño. Son llevados ante el director y con los padres y familia de por medio el primo afirma que le pegaron por maricón. Le pegaron porque es diferente.

El cuarto creciente son dos jóvenes que se conocen de niños y coinciden en el mismo centro de estudios después de muchos años. Por azar llegan a compartir cama una noche y descubren que se gustan y descubren un profundo más allá: les gusta lo que han sentido. En la despedida del amanecer uno de ellos expresa abiertamente que no desea que lo sucedido se sepa y el otro acepta porque todavía están en fase de comprensión interna de sí mismos. El reacio a divulgar luego lo invita a una gran fiesta familiar que es tradición entre los suyos. El invitado se apresta y espera a que sus “compinches” lo pasen a buscar. El tiempo pasa y pasa hasta que al final termina llorando en las piernas de su madre ante la confirmación de una verdad: no lo van a recoger. Lo humillaron porque su compañía representa una vergüenza.

La luna llena viene con una pareja homosexual estable con diez años de vida pública compartida. Uno de ellos hace críticas extrañas precisamente antes de dormir, críticas que parecen increíbles después de una década juntos. Todo eso es el preámbulo a una posterior confesión de infidelidad. El engañado pide dos semanas para intentar salvar la relación, para ponerle más empeño y desesperadamente retener a su lado a quien ama sin importarle la traición cometida y confesada. Intenta hacer todo lo posible con una impresionante carga de tolerancia ante la ambivalencia, flaqueza, inmadurez y duda de la contraparte. Absolutamente enamorado lucha incluso por quién ya no lo merece.

Menguante es la historia de un viejo poeta en decadencia, enfermo y a punto de morir pero aún sin evidencias físicas de ello para los demás. Un tipo que toda su vida vivió una falsa vida heterosexual con una familia estable de esposa y dos hijas. Conoce en un baño y sauna público a un joven que cobra por sexo ocasional y le insiste en estar con él a pesar de que para lograrlo tiene que sacrificar lo disponible para un regalo de sus nietos. Consumado el hecho le hace una invitación a un homenaje que le harán y allí se lee un poema que solo aquel a quién es destinado se sabe dueño del mismo al escucharlo mientras todos pueden pensar o inventar otros significados. El viejo, por conservar su familia, por no hacer daño a los que ama y lo aman, por aquellas cosas que construyó y no puede ya deshacer, elige no ir tras el que ha aparecido y se parece al verdadero amor.

A uno le pegan porque es diferente. Otro es despreciado porque alguien se avergüenza de que lo sepan compañía. Un tercero trata de aferrarse con uñas y dientes al que le ha mentido y el último esconde en su interior lo que nunca podrá ser. Cuatro Lunas solo estuvo una noche sobre el cielo de La Habana. Si el motivo fue que es una película de maricones, alguien se equivocó.

Cuatro Lunas – México – 2014

Guión y dirección:

Sergio Tovar Velarde

Producción:

Edgar Barrón

Protagonistas:

Antonio Velázquez – Hugo

Alejandro de la Madrid – Andrés

César Ramos – Fito

Gustavo Egelhaaf – Leo

 Alonso Echánove – Joaquín

Alejandro Belmonte – Gilberto

Karina Gidi – Laura

Juan Manuel Verdán – Héctor

11/22/17

Copenhagen: las nórdicas son mujeres grandes.

Una mujer y su hijo pequeño emigraron a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. En Dinamarca quedó el esposo que nunca se reunió con ella. Esto es lo poco que sabe William de sus abuelos. Su progenitor no fue precisamente un ejemplo: lo abandonó cuando él era un adolescente y ni de eso hablaron antes de que falleciera. Revolcando sus cosas encuentra una carta que de niño su padre le hiciera a su abuelo y nunca fue entregada y que ofrece una pequeña ventana al pasado: tiene una dirección postal de Copenhague. Entonces él, que es un joven desenfadado y libertino, se va a una gira a paso moderado por Europa, un paseo hacia Selandia mojado con cerveza y ambientado con mujeres. Al llegar tiene solo un objetivo: encontrar a la familia por parte de su abuelo paterno y si es posible a este mismo y entregarle la misiva que nunca arrancó a su destino.

Está sentado en la cafetería del hotel donde se hospeda pensando por dónde empezar cuando una hermosa joven que sirve allí se le acerca y William vuelve a hacer lo mismo que hasta ahora ha hecho: vincula el propósito del viaje con lo lúdico del sexo opuesto pidiéndole ayuda para que le traduzca al inglés y le indique en un mapa dónde queda la dirección que está buscando. Un accidente ocasiona entonces un disgusto y un malentendido que luego parece componerse cuando Effy –que así se llama la chica- lleva a William a donde estaba destinada la carta y encuentra allí al hermano de su abuelo que le revela algo muy oscuro del padre de su padre. Le regala además un grupo de fotos que él mismo le hizo a su papá antes de partir con su madre hacia América.

– Él está sonriendo… feliz. Nunca lo vi sonreír en toda mi vida…

Esa frase llena de despecho hace que a Effy se le ocurra algo para arreglar un poco las cosas. Decide acompañarlo a los lugares donde fueron hechas las fotografías y tomarle una a William en la misma posición de su papá y sepa así qué le hizo sonreír y aquel accede, aunque le gusta más la muchacha que la idea. Después sabrá, ya medio involucrado en el asunto, que es una estudiante de Educación General que está haciendo una práctica laboral temporal en el hotel y sólo el año que viene estará en Secundaria Básica. Tiene 14 años nada más. La posibilidad de ayudarlo a buscar a su familia o descubrir cada motivo de risa del ancestro representa para ella el pasar de una manera más entretenida ese tiempo fuera de la escuela que sirviendo café y golosinas. Las palabras que se cruzan en el momento del descubrimiento de la edad por un hecho fortuito son cortas y reveladoras de decepción, sorpresa, ingenuidad y resignación. A partir de ahí tendrán que empujarse mutuamente para completar el recorrido e incluso para llegar a toda costa hasta el abuelo del que ya saben qué tipo de ser humano fue.

La ciudad es escenario y personaje: sus calles empedradas, las bicicletas a veinte coronas, sus museos, centros nocturnos, canales, puentes y paseos y hasta la famosa y sencilla Sirenita. Effy se queda con las fotos que le hizo en cada sitio a William mientras tanto él prosigue y llega hasta Skagen, al norte de Dinamarca, donde se unen el Báltico y el Mar del Norte, donde ya no hay más tierra para seguir, sin embargo, en ese detenido instante, está avanzando aún como quizás nunca en su vida lo hizo.

Actuamos como somos y lo que somos está condicionado por lo que sabemos. Cuando se abre una luz nueva tenemos la oportunidad de saltar un escalón y ser mejores con nosotros mismos que es de donde único saldrá el ser mejores con los demás para dejar en ellos una chispa de memorable emoción en este hermoso y fugaz camino que es la vida. No importa el pasado, siempre podemos darnos y dar una alternativa más para crecer. ¡Y saber y entender ese saber es tan importante para que eso sea posible! Más o menos de eso va Copenhagen.

Copenhagen – 2014 – Estados Unidos – Canadá – Dinamarca

Dirección, guión y edición:

Mark Raso

Producción:

Mauro Mueller / Mette Thygesen

Protagonistas:

Gethin Anthony – William

Frederikke Dahl Hansen – Effy

Sebastian Armesto – Jeremy

Olivia Grant – Jennifer

Mille Dinesen – Madre de Effy