11/23/18

Foxtrot: bailar con un fusil mientras la vida sea

En el fantástico documental Human de Yann Arthus-Bertrand hay varios testimonios de israelíes y palestinos que ayudan a desdibujar las rígidas fronteras mentales acerca de aquellos a quienes desde jóvenes se les inculca el estar listos para sacrificarse en cualquier momento. Un judío, cuya hija murió en un atentado terrorista suicida, afirma que su definición de bandos ha cambiado radicalmente: ya no responde estrictamente a las dos sociedades en conflicto, sino a quienes quieren la guerra y a quienes –como él- quieren la paz. Entonces, aún en un entorno marcado por la agresiva filosofía sionista, hay que entender que los que desean el fin de las hostilidades saben que tienen que pagar por pretenderlo. Esto salpica al director Samuel Maoz como resultado de su segundo filme, Foxtrot, ganador del Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia de 2017, el cual ha  recibido duras críticas dentro de su país por parte de figuras políticas y al que la Ministra de Cultura, Miri Regev, calificó como un intento de destruir a Israel y un descrédito a sus fuerzas armadas. Lo cierto es que Maoz toca un tema que le va de cerca, pues fue artillero de un tanque en la guerra del Líbano de 1982. Este tipo sabe de lo que está hablando y sabe hacer arte de su manera de expresión que en su más profundo sentido llama a un más allá de lo que a primera mano se percibe.

No más empieza el filme y ya nos enteramos del bombazo que le traen a los Feldman: su hijo acaba de morir en acto de servicio para el ejército de su país. Así que esta es una película que va a trabajar sobre lo que sucede dentro de una familia ante una tragedia semejante y como espectadores sabemos inmediatamente a lo que nos vamos a enfrentar. Nos intriga entonces el saber cómo murió exactamente el muchacho y nos va a doler todo el dolor. Foxtrot está estructurada en tres partes bien definidas de modo que puede verse cada una de ellas como una historia en sí pero vinculadas a la misma vez en un tronco común: la llegada de la noticia de la muerte y lo inmediato, lo sucedido en el destino militar y el trauma de los vivos un tiempo después.

Hay ciclo sin fin dando vueltas en todo lo que nos cuentan en el que se reflejan las principales preocupaciones de Samuel Maoz sobre el destino de Israel y los judíos y las cruces que en ese viaje sin fin van cargando, acompañado del no querer ver una realidad que se prefiere hundir en una zanja y tapar con una excavadora. El cuadro en la pared del apartamento de los Feldman, en que una misma forma geométrica gira sobre un centro y se clava como un pozo, o los pasos de baile elemental y cíclico apoyan ese regreso a vivir lo mismo aun cuando hemos cambiado o cuando son otros los que lo vivirán. Hay un cuestionamiento muy directo en Foxtrot, una mirada interior que reevalúa las bases políticas y religiosas de al menos una parte de los implicados mientras el escenario se agudiza. Indagar en este drama familiar es un mero ejemplo de lo que debería o necesita sentir una nación para salir del túnel y que no es, precisamente, una ráfaga de ametralladora.

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Foxtrot – 2017 – Israel, Alemania, Francia y Suiza

Dirección y guión: Samuel Maoz

Producción: Eitan Mansuri

Música: Ophir Leibovitch y Amit Poznanky

Edición: Arik Lahav Leibovich y Guy Nemesh

Reparto: Lior Ashkenazi, Sarah Adler, Yonathan Shiray, Shira Haas,

Yehuda Almagor, Karin Ugowski, Ilia Grosz

Duración: 112 minutos

09/27/18

Phantom Thread: la insólita geografía del corazón

El amor carece de barreras para expresarse y desconoce límites a la hora de ligar seres humanos que aparentemente son invinculables. Todas las relaciones son como un iceberg: los demás solo ven un mínimo porciento y bajo el mar queda la pura verdad que lo devora o sostiene. Phantom ThreadEl hilo invisible– viene a añadir que en temas amorosos es mejor dejar el asombro en una esquina porque puede funcionar de la manera más inverosímil o sencilla, pero, al fin y al cabo, funcionar, que es lo que le importa a los que están quemándose los pies.

Reynolds Woodcock es un sastre de alta costura inglesa en los años 50 del pasado siglo. Dirige una pequeña casa donde se hacen a mano obras de arte personalizadas para la nobleza europea según el momento o el capricho. El funcionamiento de su taller se asemeja a una sala de operaciones de un hospital militar. Su hermana Cyril viene a ser el lugarteniente que lo acompaña en el mando, esperando y respetando sus decisiones o tomándolas cuando lo ve turbado para hacerlas. La vida de Reynolds está rodeada de mujeres, todas relacionadas con su trabajo, por eso sus amantes van y vienen hasta que aparece Alma, una camarera de un pequeñito restaurante campestre que cumple, para el empuje inicial, con una condición irresistible para Reynolds: tiene las medidas físicas de su maniquí ideal.

Y se la lleva a casa, la acomoda y utiliza e inevitablemente se involucran pero si perfectos son sus diseños, imperfecta es ella, llena de ingenuidad y desafiante irreverencia. Tiene los justos centímetros pero no puede evitar ser lo que es, una campesina –fina, sí, pero campesina aún- y sus modales son para Reynolds como una estampida de elefantes en su marcial rutina. Cuando Alma trata de ser amable y marcar pautas personales que la diferencien del resto de la corte femenil, lo que recibe es la testarudez y lo irascible por respuesta. Es metódico el oficio de Reynolds por lo tanto metódica es su vida y no sabe –sencillamente, no sabe- amar su trabajo y también a una mujer. Los propósitos quedan truncos o visto de otro modo: toman inesperados derroteros. De la venganza, el rencor o lo pasional aparece la solución al amor. A ellos dos, que no pueden dejar de ser lo que son, los toma por sorpresa el giro de la vida pero luego de descubrirlo se lanzan de cabeza porque es lo que quieren, no importa ya que sentimientos turbios hicieron aflorar un feliz desenlace. Un romance es parte de la vida y la vida es como es, no como debiera ser.

El amor se vive y disfruta sin fórmulas y atañe solo a los involucrados que deben definir y aceptar los términos sabiendo que la comprensión de los mismos por terceros no es precisamente lo que va  salvarlos. Andando en él no es difícil encontrar una montaña al lado de un abismo y si supiéramos dónde está la puntada quizás lo entenderíamos o quedaríamos más que confundidos. Este insoportable sentimiento no sobrevive complaciendo a otros sino reconociéndose a sí mismo a cara descubierta y apostando doble o nada. Phantom Thread es la reafirmación de ese misterio.

Phantom Thread – 2017 – Estados Unidos

Dirección y guión: Paul Thomas Anderson

Producción: Paul Thomas Anderson, Megan Ellison, JoAnne Sellar, Daniel Lupi

Música: Jonny Greenwood

Edición: Dylan Tichenor

Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram

Duración: 130 minutos

06/29/18

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri: como tres en un zapato

Mildred es un almacén de odio, inconformidad y culpa. No es raro entonces que haya terminado en la estación de policía del pueblecito de Ebbing por cargos en su contra. Le hundió al dentista en su dedo pulgar la fresa con que pensaba trabajarle un diente y todo porque este le dijo que el jefe Willoughby tenía muchos amigos que le apoyaban. Suficiente para que la fiera se desatara. Ahora espera en un cuarto el interrogatorio pero poco le importa, no se va a dejar ganar la batalla que empezó por sus anuncios. Hace un año discutió con su hija porque iba a salir y no quiso prestarle el auto, la joven le dijo que entonces regresaría tarde en la noche y que ojalá la violaran para que Mildred tuviese la culpa sobre sí. Ella le dijo, fatalmente, que ojalá le sucediera. No solo la violaron, sino que la asesinaron y quemaron su cuerpo. Todo eso muy cerca de su casa, al borde de una carretera en desuso después que una autopista facilitara la comunicación con Ebbing. En un año no ha habido un solo arresto y Mildred lo achaca al mal trabajo policial encabezado por el jefe Bill Willoughby.

Precisamente donde ocurrieron los hechos hay tres vallas de publicidad que llevan años vencidas. Mildred decide hacer más visible su disgusto para ver si provoca algún avance al señalar a los oficiales y contrata el alquiler de esos espacios en Ebbing Advertising Company que tiene su local enfrente del departamento de policía. En grandes letras negras sobre fondo rojo usa los tres anuncios para emplazar a la autoridad y se apoya además en la televisión para ampliar el impacto. En un año no había sabido mucho de ellos pero no más hizo esto, se revolvió el avispero.

Sucede que Willoughby es un hombre de honor que sí desea atrapar al asesino pero no tiene nada más que algo de su ADN que ha sido cotejado con la base nacional y no encaja con ningún criminal. No hay testigos del ataque, no vieron a la chica con extraños, no hay huellas de neumáticos ni sospechosos potenciales. Es un caso sin salida del que no hay mucho más que investigar sino esperar a que un descuido del agresor lo delate, algo casi milagroso. Personalmente lo conversa con Mildred que lo sigue acusando de responsable. Hay una nota que hace que el jefe sienta que están siendo injusto con él: aparte de que no hay pistas para seguir, él está muy afectado por cáncer de páncreas que debe empeorar en los próximos meses y no quiere vivir sus últimos días siendo tan cuestionado por algo que también lo agobia por insoluble.

En el pueblo pocos apoyan a Mildred porque respetan a Willoughby, saben que está muriendo y dejará huérfanas a dos niñas pequeñas y viuda a una joven y bella mujer. Dixon, un policía de mala reputación, la emprende con Red Weldy, el dueño de los carteles que hizo el contrato con Mildred y como lo tiene al cruzar la calle, lo irá presionando en ascenso para lograr que rompa el acuerdo. Le hace saber de la enfermedad mortal y choca también con la doña una que otra vez.

En este nivel del diferendo ocurre lo del dentista y quien viene a aclarar lo sucedido con Mildred es precisamente Bill Willoughby para evitar más roce con sus subordinados pero en medio del intercambio de razones escupe sangre y hay que llamar de urgencia a una ambulancia. Antes de subir, ordena que la dejen ir y que se olvide lo del dedo perforado. Él sabe que ella pagó un mes de los carteles y que no tiene presupuesto para sostenerlos por más tiempo ni posibilidad alguna de encontrar en el pueblo contribuyentes a su causa.

Lo que sigue a continuación en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri es una interesante escalada que coquetea con la sorpresa, la confusión, la desesperanza y el rencor. Mildred se aferrará a sus anuncios y sus consecuencias. El jefe Willoughby jugará magistralmente sus piezas en el final de partida. Dixon se volverá más agresivo y prepotente hasta que la vida lo pasa por la moledora para rearmarse ganando en relevancia y convirtiéndose en el eje vinculante e incluso regulador de estos dos. Sin llegar a extremos, la película demuestra -o lo intenta o maneja entre otros temas- la vieja lección de que el odio, el rencor y la violencia solo engendran más de lo mismo hasta que no queda nada para nadie y es casi imposible que no caiga algún inocente en el camino.

Hubiese sido un mejor metraje si Dixon no fuese por momentos tan caricaturesco como para perder veracidad, algo que lastima un personaje que detona situaciones claves, aunque a mí no me crean, porque se ganó el Oscar al mejor actor de reparto. Sin dudas, Frances McDormand -que lo partío al de Mejor actriz- y su intratable Mildred se llevan los aplausos pero Peter Dinklage, ese enano fabuloso, vuelve a poner la salsa encarando a todo potencial. A pesar de ser una historia contada con casting recortado, el dinamismo de sus casi dos horas, sus actuaciones decorosas, su guión poco ambicioso pero bien resuelto y su final no panfletario ni definitivo hacen que nos quedemos pensando y esa es una de las cosas que más espero de una película. Los anuncios son tres, las cartas enviadas también son tres y Mildred, Willoughby y Dixon son las tres patas de esta mesa que, aunque imperfecta, no cojea.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – 2017 – Reino Unido – Estados Unidos

Dirección y guión: Martin McDonagh

Protagónicos: Frances McDormand – Mildred Hayes

Woody Harrelson – Willian «Bill» Willoughby

Sam Rockwell – Jason Dixon

Abbie Cornish – Anne Willoughby

John Hawkes – Charlie Hayes

Peter Dinklage – James

Caleb Landry Jones – Red Welby