09/27/18

Phantom Thread: la insólita geografía del corazón

El amor carece de barreras para expresarse y desconoce límites a la hora de ligar seres humanos que aparentemente son invinculables. Todas las relaciones son como un iceberg: los demás solo ven un mínimo porciento y bajo el mar queda la pura verdad que lo devora o sostiene. Phantom ThreadEl hilo invisible– viene a añadir que en temas amorosos es mejor dejar el asombro en una esquina porque puede funcionar de la manera más inverosímil o sencilla, pero, al fin y al cabo, funcionar, que es lo que le importa a los que están quemándose los pies.

Reynolds Woodcock es un sastre de alta costura inglesa en los años 50 del pasado siglo. Dirige una pequeña casa donde se hacen a mano obras de arte personalizadas para la nobleza europea según el momento o el capricho. El funcionamiento de su taller se asemeja a una sala de operaciones de un hospital militar. Su hermana Cyril viene a ser el lugarteniente que lo acompaña en el mando, esperando y respetando sus decisiones o tomándolas cuando lo ve turbado para hacerlas. La vida de Reynolds está rodeada de mujeres, todas relacionadas con su trabajo, por eso sus amantes van y vienen hasta que aparece Alma, una camarera de un pequeñito restaurante campestre que cumple, para el empuje inicial, con una condición irresistible para Reynolds: tiene las medidas físicas de su maniquí ideal.

Y se la lleva a casa, la acomoda y utiliza e inevitablemente se involucran pero si perfectos son sus diseños, imperfecta es ella, llena de ingenuidad y desafiante irreverencia. Tiene los justos centímetros pero no puede evitar ser lo que es, una campesina –fina, sí, pero campesina aún- y sus modales son para Reynolds como una estampida de elefantes en su marcial rutina. Cuando Alma trata de ser amable y marcar pautas personales que la diferencien del resto de la corte femenil, lo que recibe es la testarudez y lo irascible por respuesta. Es metódico el oficio de Reynolds por lo tanto metódica es su vida y no sabe –sencillamente, no sabe- amar su trabajo y también a una mujer. Los propósitos quedan truncos o visto de otro modo: toman inesperados derroteros. De la venganza, el rencor o lo pasional aparece la solución al amor. A ellos dos, que no pueden dejar de ser lo que son, los toma por sorpresa el giro de la vida pero luego de descubrirlo se lanzan de cabeza porque es lo que quieren, no importa ya que sentimientos turbios hicieron aflorar un feliz desenlace. Un romance es parte de la vida y la vida es como es, no como debiera ser.

El amor se vive y disfruta sin fórmulas y atañe solo a los involucrados que deben definir y aceptar los términos sabiendo que la comprensión de los mismos por terceros no es precisamente lo que va  salvarlos. Andando en él no es difícil encontrar una montaña al lado de un abismo y si supiéramos dónde está la puntada quizás lo entenderíamos o quedaríamos más que confundidos. Este insoportable sentimiento no sobrevive complaciendo a otros sino reconociéndose a sí mismo a cara descubierta y apostando doble o nada. Phantom Thread es la reafirmación de ese misterio.

Phantom Thread – 2017 – Estados Unidos

Dirección y guión: Paul Thomas Anderson

Producción: Paul Thomas Anderson, Megan Ellison, JoAnne Sellar, Daniel Lupi

Música: Jonny Greenwood

Edición: Dylan Tichenor

Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram

Duración: 130 minutos

06/29/18

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri: como tres en un zapato

Mildred es un almacén de odio, inconformidad y culpa. No es raro entonces que haya terminado en la estación de policía del pueblecito de Ebbing por cargos en su contra. Le hundió al dentista en su dedo pulgar la fresa con que pensaba trabajarle un diente y todo porque este le dijo que el jefe Willoughby tenía muchos amigos que le apoyaban. Suficiente para que la fiera se desatara. Ahora espera en un cuarto el interrogatorio pero poco le importa, no se va a dejar ganar la batalla que empezó por sus anuncios. Hace un año discutió con su hija porque iba a salir y no quiso prestarle el auto, la joven le dijo que entonces regresaría tarde en la noche y que ojalá la violaran para que Mildred tuviese la culpa sobre sí. Ella le dijo, fatalmente, que ojalá le sucediera. No solo la violaron, sino que la asesinaron y quemaron su cuerpo. Todo eso muy cerca de su casa, al borde de una carretera en desuso después que una autopista facilitara la comunicación con Ebbing. En un año no ha habido un solo arresto y Mildred lo achaca al mal trabajo policial encabezado por el jefe Bill Willoughby.

Precisamente donde ocurrieron los hechos hay tres vallas de publicidad que llevan años vencidas. Mildred decide hacer más visible su disgusto para ver si provoca algún avance al señalar a los oficiales y contrata el alquiler de esos espacios en Ebbing Advertising Company que tiene su local enfrente del departamento de policía. En grandes letras negras sobre fondo rojo usa los tres anuncios para emplazar a la autoridad y se apoya además en la televisión para ampliar el impacto. En un año no había sabido mucho de ellos pero no más hizo esto, se revolvió el avispero.

Sucede que Willoughby es un hombre de honor que sí desea atrapar al asesino pero no tiene nada más que algo de su ADN que ha sido cotejado con la base nacional y no encaja con ningún criminal. No hay testigos del ataque, no vieron a la chica con extraños, no hay huellas de neumáticos ni sospechosos potenciales. Es un caso sin salida del que no hay mucho más que investigar sino esperar a que un descuido del agresor lo delate, algo casi milagroso. Personalmente lo conversa con Mildred que lo sigue acusando de responsable. Hay una nota que hace que el jefe sienta que están siendo injusto con él: aparte de que no hay pistas para seguir, él está muy afectado por cáncer de páncreas que debe empeorar en los próximos meses y no quiere vivir sus últimos días siendo tan cuestionado por algo que también lo agobia por insoluble.

En el pueblo pocos apoyan a Mildred porque respetan a Willoughby, saben que está muriendo y dejará huérfanas a dos niñas pequeñas y viuda a una joven y bella mujer. Dixon, un policía de mala reputación, la emprende con Red Weldy, el dueño de los carteles que hizo el contrato con Mildred y como lo tiene al cruzar la calle, lo irá presionando en ascenso para lograr que rompa el acuerdo. Le hace saber de la enfermedad mortal y choca también con la doña una que otra vez.

En este nivel del diferendo ocurre lo del dentista y quien viene a aclarar lo sucedido con Mildred es precisamente Bill Willoughby para evitar más roce con sus subordinados pero en medio del intercambio de razones escupe sangre y hay que llamar de urgencia a una ambulancia. Antes de subir, ordena que la dejen ir y que se olvide lo del dedo perforado. Él sabe que ella pagó un mes de los carteles y que no tiene presupuesto para sostenerlos por más tiempo ni posibilidad alguna de encontrar en el pueblo contribuyentes a su causa.

Lo que sigue a continuación en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri es una interesante escalada que coquetea con la sorpresa, la confusión, la desesperanza y el rencor. Mildred se aferrará a sus anuncios y sus consecuencias. El jefe Willoughby jugará magistralmente sus piezas en el final de partida. Dixon se volverá más agresivo y prepotente hasta que la vida lo pasa por la moledora para rearmarse ganando en relevancia y convirtiéndose en el eje vinculante e incluso regulador de estos dos. Sin llegar a extremos, la película demuestra -o lo intenta o maneja entre otros temas- la vieja lección de que el odio, el rencor y la violencia solo engendran más de lo mismo hasta que no queda nada para nadie y es casi imposible que no caiga algún inocente en el camino.

Hubiese sido un mejor metraje si Dixon no fuese por momentos tan caricaturesco como para perder veracidad, algo que lastima un personaje que detona situaciones claves, aunque a mí no me crean, porque se ganó el Oscar al mejor actor de reparto. Sin dudas, Frances McDormand -que lo partío al de Mejor actriz- y su intratable Mildred se llevan los aplausos pero Peter Dinklage, ese enano fabuloso, vuelve a poner la salsa encarando a todo potencial. A pesar de ser una historia contada con casting recortado, el dinamismo de sus casi dos horas, sus actuaciones decorosas, su guión poco ambicioso pero bien resuelto y su final no panfletario ni definitivo hacen que nos quedemos pensando y esa es una de las cosas que más espero de una película. Los anuncios son tres, las cartas enviadas también son tres y Mildred, Willoughby y Dixon son las tres patas de esta mesa que, aunque imperfecta, no cojea.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – 2017 – Reino Unido – Estados Unidos

Dirección y guión: Martin McDonagh

Protagónicos: Frances McDormand – Mildred Hayes

Woody Harrelson – Willian «Bill» Willoughby

Sam Rockwell – Jason Dixon

Abbie Cornish – Anne Willoughby

John Hawkes – Charlie Hayes

Peter Dinklage – James

Caleb Landry Jones – Red Welby

06/22/18

Una mujer fantástica: entrando sin pedir permiso

Llevaban juntos alrededor de un año. Ella se mudaba ya con él y tenían planificada una suerte de luna de miel en las cataratas del Iguazú. En medio de una de las noches previas a la partida, Orlando empieza a sentirse mal y Marina lo ayuda hasta que se percata que hay que acudir a un hospital. En el desespero por irse lo deja solo por un instante y rueda por un tramo de escalera sin grandes consecuencias. Logra subirlo al auto y llevarlo a una clínica cercana donde es atendido inmediatamente pero fallece al poco rato. Son sucesos de poco más de una hora.

Marina está sola. A pesar de que lleva un año con Orlando, no conoce personalmente a nadie de su familia. Llama por teléfono a Gabo, su cuñado, y este le dice que se va a encargar de todo, incluyendo el aviso al resto de sus allegados que se han mantenido lejos de Marina desde que Orlando decidiera terminar su matrimonio y empezar una relación con una mujer veinte años más joven. Esto de por sí, ya deja descolocada a Marina en el lobby de la clínica cuando sabe que vendrán irremisiblemente. Los que no han querido verla ni hablarle, ahora van a aparecer. Ahora que Orlando está muerto y ella está sola. Van a venir los que nunca aceptaron, sobre todas las cosas, que él recomenzara su vida con una transexual.

Lo que sucede después en Una mujer fantástica es previsible. Si hasta aquí ella fue rechazada, lo seguirá siendo cuando ha muerto su pareja y los que no le dirigían la palabra lo harán para recuperar los bienes que el fallecido dejó atrás. Nada de esto se hará, por supuesto, respetando el derecho de Marina a despedir a la persona amada o a vivir su momento de luto de manera tranquila y normal. Entre los reclamos por el auto, el departamento y su lucha por llegar a donde nunca le permiten llegar, apenas tiene tiempo de llorar. La policía, que la misma noche de la muerte la trata como sospechosa y usa para dirigirse a ella el género masculino porque masculino es el nombre en la cédula de identidad aunque delante tiene a alguien que es una mujer; Gabo, que al llegar interviene y se hace cargo, pero usa una excusa discriminatoria y hasta cruel, solo para que Marina se vaya antes que llegue el resto de la tribu; la investigadora que viene a verla y nunca deja de asumir que pasó algo que nunca pasó, solo porque es transexual y más joven que Orlando e innecesariamente llega después hasta el ultraje; el hijo, que se cuela en el departamento al otro día a exigirlo y ni siquiera sabe bien cómo se llama ella. Por encima de todo eso debe pasar Marina, que no es culpable de nada.

El que esta película chilena haya ganado el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa en la última entrega de estos a los productos de la gran industria de Hollywood le concede un aval hacia nuestra consideración por la lógica fascinación cubana por lo estadounidense que asigna a sus símbolos una certificación de calidad incuestionable. Además, este mes de mayo, en la ya tradicional Jornada cubana contra la homofobia y la transfobia, su actriz principal, Daniela Vega, estuvo en La Habana y Pinar del Río participando de algunas de las actividades que esta vez corrieron bajo el lema Por escuelas libres de homofobia y transfobia. Ella llegaba con el mérito de que la recatada Academia le haya permitido ser la primera persona transexual en presentar un premio en una oscarina gala.

Pero una cosa es la Daniela Vega activista y otra la actriz y otra Una mujer fantástica. A pesar que hay indudables e insoslayables vínculos, la película no es una clase de moralina ética sobre el respeto a los derechos más elementales de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, trans, inter y quers. De eso trata, obviamente, por el conflicto entre identidad de género y sexual de la protagonista que añade y define pero no lo hace en un tono conferencista. No es una película de ella hacia afuera sino de ella hacia adentro, incluso los momentos en que la narración se vuelve fantasiosa rozando o lanzándose de lleno a lo real maravilloso están vinculados a su mundo introvertido y sentimental. Son de Marina los principales parlamentos, mucha atención a lo que sale de su boca, generalmente en oraciones cortas pero con la contundencia del no al dramatismo y a la excepcionalidad. Añadiría fuera de esto dos elementos significativos: la escena de apenas tres minutos en el medio del metraje con su profesor de canto lírico –casi determinante- y la correcta inserción de You Make Me Feel Like a Natural Woman interpretada por Aretha Franklin acompañando a Marina hacia su primer encuentro con la ex de Orlando que dirá que lo tiene delante es una quimera. Esta es una película sostenida por detalles, como mismo la lluvia lleva su frescura y belleza en la simple caída de sus muchas gotas.

Una mujer fantástica – 2017

 Chile – Alemania – España – Estados Unidos

Dirección: Sebastián Lelio

Guión: Sebastián Lelio – Gonzalo Maza

Protagónicos: Daniela Vega – Marina Vidal

Francisco Reyes – Orlando

Luis Gnecco – Gabo

Aline Küppenheim – Sonia

Amparo Noguera – Antonia

Nicolás Saavedra – Bruno